El día no acompaña.. De hecho, este día nunca acompaña.. Cada año, desde hace ya 9 años, me subo al mismo autobús con la esperanza de mantenerte cerca, de sentirte aún aquí.. Y cada año bajo de ese autobús agotada y aún más cargada de pena de la que arrastraba al subir.
Siento el frío en mi cara, el día no acompaña. Pero espero, como cada año, que hoy sea diferente, espero con todas las ganas que este sea mi autobús.
Me paro frente a la parada. Y vuelvo a mirar al cielo buscando esa luz que hace años que se apagó. Pero ni esa luz ni el sol que prometió salir incondicionalmente cada día están allí arriba. Vuelvo a levantar la vista desesperadamente en busca de un pequeño rayo de ese sol, pero siento que está igual de escondido de lo que me siento yo. Y no le culpo.. No es fácil salir a enfrentarse al día sin saber lo que te va a acompañar ni todo lo que te va a faltar. Pero cuando eres el sol hay tantas cosas que dependen de ti, que orbitan a tu son, que no puedes permitirte el lujo de ocultarte tras una nube. Cuando eres el sol has de salir con fuerza y dar esa energía a todos esos satélites que dependen de ti, aunque tengas que cerrar los ojos con dureza para concentrarte en lo que ellos necesitan y olvidar lo que necesitas tú.
El ruido del autobús me devuelve a la realidad, a mi realidad. Se detiene delante de mi lanzándome un soplo de aire frío a la cara que me ayuda a centrarme en lo que viene ahora, esa realidad que desde hace ya 9 años cada 19 de marzo intento cambiar, esa a la que intento devolver la luz del desparecido sol. Así que este año subo los altos escalones con más empeño si cabe que el año anterior. Porque la ilusión de recuperarte, de sentirte ni que sea una mínima parte de lo que eras, es suficiente para agarrarme con fuerza a la barandilla y emprender mi viaje. Me dejo caer en el asiento observando concentrada el exterior. Es curioso que desde fuera no sea capaz de verlo, que tenga que estar la protección del cristal para poder abrir bien los ojos y recorrer una vez más ese camino. Y desde allí comienzo ese viaje que tantas veces hiciste con la esperanza de sentirte, de acompañarte. O mejor dicho, de que me acompañes tú a mi, porque desde que me dejaste, la soledad me impide andar sin miedo, vuelvo a sentirme esa niña que necesitaba tu mano, vuelvo a necesitarte para dar cada paso, cada giro. Menos en este autobús. Desde este autobús siento por un instante que estoy a tu lado compartiendo contigo esos minutos que se me hacen efímeros por ser un recuerdo tan lejano.. Veo tu mano sujetándome fuerte para evitar que me caiga al frenar, noto esa mirada de preocupación sobre mi mochila que duda si llevo el desayuno, siento el calor de ese abrazo con el que me despedías cada mañana al llegar a mi parada.. En este autobús te siento más cerca, escondido en algún lugar pero presente con fuerza para mi.
Y ensimismada en ese momento cargado de nostalgia y tristeza, poso mis ojos en ti. Cuánto tiempo llevas aquí? Cuánto hace que estás a mi lado, que me acompañas en silencio sin dejarme sola? Tu mirada me atrae hacia ti con fuerza y me quedo atrapada en esos ojos que me gritan que no estoy sola, que me quieren y me necesitan. Y no puedo dejar de mirarte, no puedo dejar de sentir que no sólo yo dependo de esos ojos, sino que ellos también dependen de mi, como si estuviéramos los dos atados por una cuerda invisible que nos une y nos guía por el mismo camino, que nos hace estar siempre unidos caminando juntos vayamos por donde vayamos.
Como los planetas que orbitan alrededor del sol, que están unidos por una fuerza inexplicable que les hace mantener el camino, que evita que se pierdan cuando la vida te manda por lugares que no deseas cruzar.. Como esos planetas somos tú y yo, que me haces sentir que el amor que tanto anhelo de la persona que perdí, de mi padre, y de la que perdiste, de tu padre, no está atrapada en este autobús, está en esa fuerza que veo en tus ojos, en todos esos recuerdos que tenemos que contarnos cada día para que dejen de serlo, para que sean momentos cargados de sensaciones y no sensaciones cargadas de olvido. Porque mientras tengamos esos recuerdos, mantendremos todo ese amor puro en nuestros corazones.
Así que, con lágrimas en los ojos, suelto la mano irreal de mi padre y cojo con fuerza la tuya para compartir junto a ti todo el amor que sentimos por los que ya no están, por los que se escondieron detrás de las nubes demasiado pronto, pero que juntos haremos resplandecer día tras día. Porque nos hicieron flotar a su alrededor, orbitar como pequeños satélites sostenidos a ellos sólo por su fuerza y su amor.. Porque ellos eran sol, ese sol que te ilumina y te llena de energía sin esperar nada a cambio.. Igual que ahora tú me guías a mi, sin soltar mi mano pase lo que pase, venga lo que venga.. Tú eres ahora mi sol. Espero ser yo algún día también ese sol para ti.
No te escondas detrás de las nubes, yo tampoco lo haré. Porque te necesito, todos necesitamos a alguien, TODOS SOMOS EL SOL DE ALGUIEN.





