Hugo parecía un niño normal… Jugaba con sus amigos en el cole, le encantaba saltar con papá muy alto como para tocar las nubes, ayudaba a mamá en casa poniendo la mesa y escogiendo sus vasos preferidos, un día el de los minions, otro el de los cars, cada día uno especial como para beberse el mundo! Aunque… También “desayudaba” un poco a mamá cuando sacaba todos los juguetes del armario para jugar dos minutos con ése que estaba justo al final de todo, pero que le encantaba! Vamos… ¡Las cosas que hace un niño normal! O eso es lo que pensaban todos… Porque nadie podía imaginar que ese niño divertido, alegre, creativo y un poco revoltoso escondía también un héroe valiente con un montón superpoderes.
Así que, cuando llegaba sobretodo el fin de semana, el pequeño Hugo se ponía frente al espejo, se miraba fijamente a esos ojos azules como el mar, se ataba al cuello su capa roja, invisible para todos los demás, pero deslumbrante para él, respiraba hondo como cogiendo fuerzas y cargándose con toda la energía del mundo y salía a llevar a cabo su misión! ¡¡Su única misión!! Y no era una misión fácil, pero cuando tienes un superpoder, y Hugo no tenía uno, sino muchos, tienes también una responsabilidad. Y él lo sabía…
Ese sábado Hugo se despertó más cansado de lo normal… Algún ruido le había despertado a media noche y le había costado dormirse de nuevo. Y como nos pasa también a veces a los mayores, no tenía muchas ganas de ponerse la capa. ¿Qué podía pasar? Por un día que descansara de ser un superhéroe con un montón de poderes quizás no pasaría nada, no?
Pero justo en ese momento, en el momento en que iba a abandonar por un día su importante misión, escuchó llorar a su hermana en el salón y se acordó de por qué era tan especial su labor. Hugo se puso rápidamente su capa imaginaria, la máscara con su mayor sonrisa y salió corriendo a ejercer sus superpoderes!!
Primero optó por el superpoder pintacaras! Y salió de la habitación cargado con sus armas de pintacaras derecho a cumplir su misión...
- Inés, ¿por qué lloras? ¿Quieres que te dibuje una estrellita en el moflete? Te la voy a pintar de color amarillo y suavecito... ¡Te quedará preciosa! ¡Ya lo verás!
Y su superpoder funcionó. Inés dejó de llorar y acercó su moflete para que su hermano le dibujara una estrella grande y llena de luz.
Pero al poco rato, Inés se sintió cansada… Esa noche la epilepsia no la había dejado dormir bien. Había tenido un sueño agitado por la medicación y ahora sólo quería estirarse y descansar viendo dibus en el sofá.. Pero eso sería si Hugo no tuviera superpoderes! Así que Hugo cogió las herramientas para el superpoder cantante y comenzó a cantarle todas las canciones de Frozen que ella tanto adoraba. ¡Y volvió a funcionar! Inés seguía cansada, pero feliz cantando “¡Libre soooooooooy! ¡Libre sooooy!” y el pequeño Hugo se tomó un merecido descanso tras otra de sus victorias.
La tarde fue un poco más tranquila. Inés había hecho una siesta larga, como cada día desde que empezó todo, y se despertó animada. Estuvo jugando con sus muñecas. Conni le exigía mucha atención, ya que era la muñeca más llorona de todas las que tenía...
Así que Hugo pudo disfrutar un poco de una tarde con sus amigos jugando hasta quedarse agotados. Y, aunque pudo sacarse un rato la capa imaginaria de superhéroe, tuvo que explicarle a su amigo Gabriel qué era la epilepsia. Casi ni él entendía muy bien la enfermedad de Inés, pero le explicó con calma que ella estaba malita y que creía que la epilepsia la tenía en la espalda, pero que no estaba seguro… Era complicado también para los mayores y Hugo lo sabía… Así que no preguntaba mucho, sólo observaba y se centraba en la misión.
Porque si no pensaba en su misión, se ponía a pensar en que él también quería recibir toda la atención de mamá, también quería que papá le subiera a sus hombros camino a casa, que abu hiciera manualidades con él en vez de ayudar a Inés a cambiarle el pañal a Conni… Y cuanto más pensaba en ello, más triste se ponía… Empezaba a olvidársele su misión y sus superpoderes… Ya no le importaba lo bien que lo pasó siendo un superhéroe aquella vez que usó el superpoder futbolista y jugaron a chutes durante horas… Ni cuando se puso la capa para el superpoder pirata y estuvieron surcando los mares y viviendo mil aventuras… O aquella vez que tuvo que recurrir al superpoder detective para dejar que Inés se escondiera por todos los rincones de casa hasta encontrarla, casi siempre porque la peque no aguantaba sin hacer ruido y así acababa pillándola…
En todo eso seguía pensando nuestro superhéroe Hugo, cuando escuchó a lo lejos una vocecita que le llamaba. La voz cada vez se hacía más fuerte y no dejaba de gritar su nombre. Hugo consiguió entender entre los gritos “¡Hugoooo! ¡Sólo quiero con Hugoooo! ¡No me dormiré si no es con Hugoooooooo! ¡Quiero que me lea un cuentooooo!” Los gritos iban subiendo cada vez de tono, hasta que vio entrar a mamá por la puerta de su habitación con cara suplicante… Y él lo entendió! ¡¡Tenía que ponerse la capa!!
Y, equipado con su superpoder cuentacuentos se dirigió a la habitación de Inés. Estaba dispuesto a leerle uno rapidito, probablemente Los tres cerditos, ya que a la peque de 4 años le encantaba ver cómo Hugo soplaba muy fuerte haciendo de lobo. Pero cuando se acercó a su camita y vio sus ojos azules mirándolo con una intensa admiración supo cuál era su verdadera misión. Y en ese instante, justo cuando Inés se lanzó a sus brazos con todo su amor incondicional, tuvo claro cuál era su auténtico superpoder, el más importante de todos los que nuestro pequeño superhéroe tenía. ¡¡Era el superpoder de hermano mayor!! Y por más que al crecer el resto de superpoderes fuera desapareciendo, ¡ese nunca se iría! Porque él siempre sería un superhéroe para Inés, siempre sería su protector, su amigo, su consejero, su héroe... ¡Su hermano!
Y así fue como Hugo, gracias a ese abrazo lleno de amor y de complicidad entre hermanos, volvió a creer en su misión y prometió no abandonarla nunca más. Porque aunque hubiera momentos difíciles, que los habría, él tenía los superpoderes necesarios para cumplir su misión. Y, lo que era más importante, no estaba solo. Mamá y papá cuidarían de ellos. Porque hasta los superhéroes necesitan a veces mimos y abrazos, porque sus superpoderes crecen con el amor. Así que Hugo no tenía de qué preocuparse porque tenía el amor de todos. Pero, sobretodo, sentía el cariño y la adoración que le profesaba su hermana y esa fuerza era la que más hacía crecer sus superpoderes para ser el mejor hermano mayor del mundo de los héroes.
Y colorín colorado..
El cuento de Hugo El Superhéroe sólo ha empezado..
